Consciencia, hábitos y creencias - abril 18, 2022

Así como somos materia, también somos energía

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La física cuántica es una rama de la ciencia que nos permite dar un vistazo microscópico a nuestro universo revelándonos una perspectiva muy transformadora. Como una nave en la cual podemos viajar hacia nuestro interior en sus componentes más pequeños, estos conocimientos nos enseñaron que el átomo tiene una buena cantidad de vacío y que en él se generan interacciones propias de la energía. Esta mirada nos permite comprender que todo tiene un contenido energético y que incluso nuestro propio organismo es un sistema dinámico de energías que interactúan constantemente, que en realidad no es un cuerpo material tal como lo percibimos, sino que los millones de átomos que lo componen tienen un mayor porcentaje de nada que de algo.

¿Entonces cómo somos lo que somos?

Como podrás imaginar, esta información nos abre una amplia posibilidad de pensamientos sobre nosotros mismos, invitándonos a reflexionar sobre qué cosas nos afectan y de qué forma nos podemos ver afectados por ellas. Ya que no es lo mismos pensarnos como un ser material con cierta plasticidad frente a los fenómenos externos, que percibirnos como un ser cuyo sistemas se ven afectados por energías sutiles, muchas veces imperceptibles, que tienen un alto poder transformador.

Porque cuando nos abrimos a esta mirada, incluso el pensamiento en sí mismo se vuelve un gestor de aquello que nos afecta y que construye nuestra realidad, dejando de ser una mera voz interior para convertirse en un generador de vibración que nos conducirá a distintos estados en nuestra vida.

Y esto puede llevarse a un plano aún más imperceptible ya que no sólo los pensamientos afectan nuestra realidad, sino que también nuestra atención juega un rol fundamental sobre ella. Esto se ha llevado a experimentación mediante estudios sobre el comportamiento de la luz, donde en palabras simples, se ha descubierto que la presencia o ausencia de los observadores provoca cambios en el comportamiento de lo observado. Por lo tanto, hay distintas informaciones o señales que nos afectan constantemente y que ordenan nuestra energía de determinada forma, resultando en la materialización de lo que somos o de lo que percibimos ser. Ahora ¿Cómo podemos reconocer esto en nuestra vida?

El bioquímico y quiropráctico, Joe Dispenza, nos habla del poder de los pensamientos y de aquellos patrones repetitivos que conforman nuestra realidad, invitándonos a romper con el hábito de ser nosotros mismos para activar nuestra consciencia.

“El 90% de lo que somos a los 35 años son programas memorizados: actitudes, comportamientos y reacciones memorizadas. Solo el 10% corresponde a nuestra mente consciente. Así que la persona que ha pensado mucho sobre el sufrimiento, y que lo ha experimentado, intelectualmente puede querer ser feliz, sana, libre, y proponérselo, pero luchará contra un cuerpo que ha memorizado tan bien el sufrimiento que lo ha llegado a convertir en su forma de ser.” (Dispenza, 2022)  

Entonces, debemos comenzar a cuestionar nuestra propia mente para generar los cambios que nos permitan ir hacia aquello que realmente queremos vivir y para esto necesitamos reeducar a nuestro cerebro llevándolo a trabajar de forma diferente. ¿Has pensado de qué forma te hablas a ti mismo/a? ¿Qué pensamientos se disparan automáticamente? ¿Te has cuestionado si las reacciones que acostumbras a tener te son realmente útiles?

Por su parte, León Von Hohenheim, cofundador de la Formación Alimentación con Consciencia, nos comparte una frase que nos ayuda a aplicar estos conocimientos en lo cotidiano de forma más concreta: “Somos el resultado de la media de las cinco personas con las que nos relacionamos todos los días”.

Y esto no quiere decir que estemos determinados por estas personas, sino que busca llevarnos a entender que aquellos con quienes nos relacionamos recurrentemente estarán afectándonos tal como los observadores afectan la luz, sobre todo si la mayor parte de nuestros pensamientos están funcionando de forma automática y no de forma consciente. Además, es muy probable que estas personas también estén influyendo sobre la forma en que llevamos nuestra atención y nuestros pensamientos… qué áreas de nuestra vida nos preocupan más, bajo que enfoque miramos las experiencias, cuáles son nuestros deseos, etc.

Porque vivimos en un mundo de constante cambio y en él elegimos conservar algunas cosas, es importante que observemos qué pensamientos y creencias estamos manteniendo en nuestros día a día, qué pensamos cuando nos miramos al espejo, qué apreciaciones tenemos sobre nuestro trabajo, nuestra salud y nuestras relaciones.

Estos cuestionamientos nos devuelven el poder de materializar nuestra vida y de vivirla más de cerca, sintiéndonos protagonistas nuevamente de aquello que nos sucede. Es común que cuando nos alejamos de esta percepción más despierta comencemos a sentirnos atrapados y frustrados en los círculos de la vida que se nos repiten una y otra vez. De la misma forma en que nos alejamos de la presencia en nuestros pensamientos, nos alejamos también de la escucha hacia nuestro cuerpo y es entonces cuando nos enfermamos, porque el organismo nos está invitando a volver la mirada hacia él, hacia nosotros mismos.

Puede que suene algo repetitivo, pero es que de eso se trata ¿no? Aquello que repetimos se nos vuelve familiar y entonces nos acomoda volver a andar por ese camino, pudiendo hacerlo luego incluso de forma automática. Ayudemos entonces a nuestra energía a fluir por esos canales que sí nos generan bienestar y para esto guiemos a nuestros pensamientos hacia las conexiones neuronales que deseamos nutrir para luego cultivar las creaciones que puedan surgir de ellas.

Y aquí cabe preguntarse por la relación de esta naturaleza interna con nuestro entorno en cuánto a ¿Cómo llegamos a ser lo que somos? Porque, aunque nos solemos percibir como seres materiales concretos, en nuestra emocionalidad somos capaces de sentirnos vacíos y esto suele provocarse dentro de ese espacio de relación con el exterior. Cuando nuestra imagen sobre lo que somos para el resto no se condice con lo que realmente somos, porque vivimos la mayor parte del tiempo actuando desde emociones memorizadas, se nos provoca una sensación de infelicidad. Comenzamos a depender de lo externo para recordar quienes somos o quienes queremos que los demás vean que somos y esto nos genera una sensación de vacío. (Dispenza, 2012, p.177-179)

Por esta razón es tan fundamental volvernos conscientes, palpar lo que sentimos y aprovechar nuestra emocionalidad para tener un contacto auténtico con el entorno que nos permita a su vez, tener un contacto real con nosotros mismos. Como quien puede tomar una arcilla en sus manos y sentir su verdadera textura, nosotros podemos agudizar nuestra mente y cuerpo para percibir con mayor claridad esas experiencias que son en el fondo nuestra vida y nuestro presente constante. Podemos moldear nuestra propia percepción y con esto nuestra propia realidad puede tomar nuevas formas.

Esto es entonces un camino donde podemos familiarizarnos con lo que se nos hace familiar y luego preguntarnos si queremos que esto se mantenga así o no, para comenzar a tomar acciones que nos lleven a un cambio positivo, abrazando la posibilidad de reinventarnos todas las veces que queramos.

Aunque esto pueda parecer un montón de palabras que en la práctica se vuelven mucho más difíciles, la verdad es que con el tiempo esto se vuelve más sencillo, ya que nuestra mente tiene la capacidad de apropiarse de esta mirada y observar a través de ella cada uno de nuestros rincones.

Bibliografía

Dispenza, J. (2012). Deja de ser tú. Urano. https://www.reikimaria.com/libros/deja.pdf. Moya-Angeler, Y. (2022). «Somos lo que repetimos, pero podemos cambiar nuestra mente». CuerpoMente. https://www.cuerpomente.com/nos-inspiran/joe-dispenza-entrevista-cambiar-mente_9278

Primero Soy humana y busco no olvidarlo, esto que comparto es parte de ese propósito.

Me llaman Antonia, desde que mis padres lo eligieron entre tantos otros nombres, y soy estudiante de Comunicación Social, como también de la vida.

Ser parte de esta especie (única capaz de leer este mensaje, hasta lo que tengo entendido), es un hecho que me provoca una profunda curiosidad, sobre todo las formas que tenemos para expresamos. Cómo nos reconocemos en lo que otros expresan y cómo (co)creamos en ese intercambio de sentidos y significados, que construye el entramado de nuestra vida.

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