Alimentación - Medicina y calidad de vida - mayo 17, 2022

El caldo de huesos. Lo que parece desechable puede ser el mejor remedio.

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Cuando cocinamos un pollo al horno o decidimos hacer un asado con nuestros amigos, comúnmente disfrutamos de la carne y de las preparaciones que le acompañan, pero no le prestamos mayor atención a los huesos que quedan luego del festín. Sólo les cabe consideración quizás si es que tenemos alguna mascota en casa. Sin embargo, aquello que parece no tener ningún otro uso es en realidad una fuente de salud en sí misma. Sólo basta cocinarlos por varias horas a fuego lento y agregarle tal vez una cebolla, algo de zanahoria y unos pocos aliños a gusto para conseguir un caldo lleno de beneficios para nuestro organismo.

Suena bastante simple ¿verdad?

Y no sólo es una preparación simple, sino que también tiene bastante historia. Es probable que esta receta exista hace muchísimos años, quizás no con total consciencia de sus propiedades, pero sí gracias a sus efectos que no pasaron desapercibidos para quienes tuvieron el gusto probarla. Porque frente a un resfriado o para “volver el alma al cuerpo” no es extraño que nos receten una sopita de pollo o un buen caldo de vacuno y esto no es una casualidad ya que efectivamente estos platos tienen un alto poder de sanación.

Puede que nuestros abuelos y sus padres no tuvieran los conocimientos exactos sobre las increíbles propiedades del caldo de hueso, pero de todas formas acostumbraban a incluirlo como plato de entrada en sus comidas, permitiendo -quizás sin saberlo – que su sistema digestivo estuviera bien preparado para recibir el resto de los alimentos.

Esto no quiere decir que en su época se desconociera totalmente esta sabiduría respecto a la receta, ya que en el siglo XVIII ya se habían investigado sus propiedades. Antoine-Alexis Cadet de Vaux, un hombre nacido en París el año 1743, dedicó su vida a incursionar sobre la salud pública y los alimentos económicos que podían generar un impacto en ella. Por esta razón el aprovechamiento de los huesos como un ingrediente altamente nutritivo, económico y fácil de conservar fue una de las temáticas que motivó sus investigaciones. Esto le llevó a recomendar el consumo de caldo de hueso tanto a ricos como pobres, apuntando que en aquellos lugares más vulnerables como lo son los hospitales, las cárceles y los asentamientos de soldados, esta receta podía mejorar considerablemente la nutrición y la salud de las personas.

En estas recomendaciones el farmacéutico y filántropo mencionaba la gelatina que se obtiene mediante la cocción de los huesos y este sin duda es un punto importantísimo. Esto debido a que la preparación requiere entre 8 y 48 horas de cocción para lograr extraer el colágeno contenido en los huesos, que será uno de los principales beneficios para nuestra salud. Además, siguiendo estas indicaciones logramos obtener minerales como el magnesio y el calcio, así como también la glicina que es un aminoácido utilizado por nuestro cuerpo para fabricar proteínas y que por tanto ayuda a la regeneración celular.

Este pack de beneficios puede que no nos impresione lo suficiente, pero la verdad es que la integración del caldo de huesos a nuestras vidas puede generar una gran diferencia en nuestra salud debido a que nos ayuda a sanar las paredes de nuestro intestino. El colágeno permite aliviar y reconstruir los daños internos generados por los ingrediente industriales y los malos hábitos que se acostumbran hoy en nuestras sociedades modernas. Junto con esto la biodisponibilidad de aminoácido y proteínas nos permite potenciar la regeneración celular, tan necesaria y obstaculizada por la constante exposición a agentes inflamatorios e irritantes. Que por lo demás, son estos dos factores (intestino permeable e inflamación crónica) los responsables de gatillar un montón de enfermedades e intolerancias cada vez más comunes, incluso en los recién nacidos.

Por esta razón, el caldo de huesos es un primer paso fundamental para poder incorporar otras mediadas a nuestro proceso de sanación. Ya que la salud de nuestro intestino es necesaria para la correcta absorción de los alimentos, así como también de los posibles suplementos que elijamos tomar como una ayuda para nuestro autocuidado. Estos además deben ser idealmente seleccionados con un buen conocimiento respecto al estado actual de nuestro organismo, puesto que, si no podríamos estar desperdiciando nuestro dinero, así como también si es que no hacemos un seguimiento consciente de sus efectos.

Algunas consideraciones que podemos tomar para consumir caldo de huesos es la posibilidad de encontrar un lugar donde comprarlos y evaluar si está en nuestras opciones acceder a un proveedor cuyos orígenes sean animales de libre pastoreo y sin intervención de hormonas o antibióticos. Pero esto no quiere decir que si esta opción no existe es mejor no consumirlo, puesto que sin duda pasar de no consumirlo nunca a tomarlo, aunque sea unos días a la semana es un avance tremendo y traerá grandes beneficios para nuestra vida. Por otro lado, la necesidad de cocinarlo durante varias horas puede parecernos complicada y sobre esto hay dos cosas que aclarar: uno es que, si la cocción es interrumpida, es decir, se cocina 2 horas primero y 2 horas después debido a que no estaba en casa para supervisarlo, esto no traerá problemas en su resultado. Y dos, que existen ollas de cocción lenta que funcionan mediante electricidad y tienen la opción de programar las horas de funcionamiento. Además, gracias a la popularidad que hoy está teniendo esta preparación, hay varios países donde se puede comprar el caldo de huesos envasado o incluso en “bares” especializados como ocurre en algunas partes de Estado Unidos.

Una recomendación que se puede aplicar a diversos hábitos y/o alimentos que uno se propone integrar en la vida, es la consideración de otorgarse un tiempo para preparar el terreno antes de proceder a plantar la semilla. Esto quiere decir que si estas pensando en sumar el caldo de huesos a tu vida, pero sientes que no se adapta a tus tiempo o que no tienes el espacio suficiente, etc. Es bueno comenzar por una investigación de las opciones:  revisar si puedes invertir en la olla de cocción lenta (que también tiene otros usos) o si bien prefieres prepararlo en tu olla de toda la vida. Tal vez puedes preparar bastante de una sola vez y luego congelarlo (esto no afecta sus propiedades) o simplemente llegas a descubrir que hay un lugar accesible donde puedes compararlo. Sea cual se la situación es bueno darse ese espacio para evitar darle una mala connotación a este increíble remedio natural, producto de un mala experiencia.

Por otro lado, si esta opción no se adapta a tu vida debido a que has elegido no consumir productos animales, este texto puede ser una inspiración para revisar estas condiciones de tu salud. Pues si al escuchar sobre el intestino permeable sientes que esta puede ser tu condición, incorporar la glutamina como suplemento puede ser una buena idea, ya que tiene la capacidad de reparar y regenerar las paredes del intestino. Por otro lado, puedes evaluar si necesitas algún reforzamiento de minerales y observar si estas recibiendo suficientes proteínas en tu alimentación. Así como integrar bebidas o sopas calientes en tus comidas para preparar el fuego digestivo.

El llamado es en todo caso, a recuperar aquellas sabidurías olvidadas que pueden cambiar profundamente nuestra salud desde simple y conocido. Algo como un montón de huesos que ya no serán parte de los restos desechables, sino quizás aquello que buscaremos para comprar.

Primero Soy humana y busco no olvidarlo, esto que comparto es parte de ese propósito.

Me llaman Antonia, desde que mis padres lo eligieron entre tantos otros nombres, y soy estudiante de Comunicación Social, como también de la vida.

Ser parte de esta especie (única capaz de leer este mensaje, hasta lo que tengo entendido), es un hecho que me provoca una profunda curiosidad, sobre todo las formas que tenemos para expresamos. Cómo nos reconocemos en lo que otros expresan y cómo (co)creamos en ese intercambio de sentidos y significados, que construye el entramado de nuestra vida.

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