Consciencia, hábitos y creencias - Medicina y calidad de vida - junio 28, 2022

El ejercicio como medicina

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Buscar maneras de hacer ejercicio y de integrar el movimiento a nuestras vidas es el precio que debemos pagar a raíz de la modernización y sus atractivas opciones de comodidad. Y esto no se trata de que debamos sufrir un castigo por desarrollar nuevas tecnologías que nos abren caminos y posibilidades, sino que se trata de comprender que la responsabilidad sobre la salud de nuestros músculos y con esto de todo nuestro organismo hoy recae en nuestra propia iniciativa. Debido a que nuestras necesidades básicas ya no son las que nos llevan a recorrer grandes distancias ni mucho menos a generar grandes esfuerzos físicos, debemos encontrar la manera de integrar estas actividades rescatando su importancia.

Entonces desde la lógica de no sentirnos castigados sino responsables, es importante contemplar que el movimiento de nuestro cuerpo no puede quedar olvidado en el último eslabón de nuestras prioridades, puesto que de ser así es muy probable que la cantidad de ejercicio que estemos realizando sea muy baja.

Nuestro organismo en parte es el resultado de una evolución que acarrea importantes cuotas de sabiduría, permitiendo que todos los sistemas que nos integran funcionen de una forma increíble e incluso mágica. La interconexión entre las células, sus mensajeros, los mecanismos de regulación y otros tantos fenómenos que nos mantienen con vida, son sin duda un verdadero regalo de la naturaleza. Sin embargo, pocas veces nos paramos a pensar sobre cómo se ve afectado todo este engranaje a partir de los cambios que hemos generado tanto en nuestro entorno y como en nuestros hábitos. Hemos integrado vertiginosamente en nuestras vidas distintas herramientas para trasladarnos, como lo son los vehículos motorizados, así como también para alimentarnos, a través de una industria alimenticia, cadenas de supermercados y restaurantes de todo tipo, y como no para comunicarnos, mediante dispositivos móviles que no por nada denominamos “celulares”.

Estos aparatos que nos acompañan día a día han acortado muchísimo las distancias entre nuestro deseo de hacer u obtener algo y la efectiva satisfacción de nuestro deseo. Permitiéndonos llegar a lugares que antes ni siquiera podríamos haber imaginado y probar comidas provenientes del otro lado del mundo, pero sin experimentar el cansancio que significaría realmente recorrer todas esas distancias. Esto puede ser un avance maravilloso para algunas áreas de nuestra vida, pero no tanto así para la salud de nuestros músculos que no sólo fueron creados para sostener a nuestra estructura ósea y permitirnos trabajar en un físico tonificado, sino que su función dentro del organismo es bastante más compleja e importante.

Así lo explicó en 2014 la doctora especialista en Rehabilitación, Medicina Física y en Hidrología Médica, Nuria Gonzalo García:

Siempre hemos contemplado el músculo como sostén del esqueleto, y como un elemento dinámico que favorece el movimiento. A su vez, se ha considerado que el ejercicio permite mantener en una situación óptima al mismo, a la vez que facilita la quema de calorías, el control del peso y la definición de una buena silueta. Sin embargo, desde hace unos años, y gracias a los estudios del grupo de trabajo de Pederson sabemos que el músculo en movimiento (no en reposo) produce una serie de sustancias a las que se les dio el nombre de mioquinas (p. 139)

Pero ¿qué son las mioquinas o miosinas? Son un grupo de proteínas que se sintetizan y liberan desde las células musculares esqueléticas gracias a su contracción. Las funciones de estas proteínas son las que permiten ampliarnos el panorama respecto a los beneficios de la actividad física para nuestra salud, puesto que se ven involucradas en procesos metabólicos, endocrinos e inmunitarios.

El músculo actúa como un órgano metabólico “aumentando la lipólisis a través de la oxidación de ácidos grasos”, que permite trasladar el combustible energético desde el tejido adiposo hacia los tejidos periféricos y “mejorando la sensibilidad a la insulina” que es la hormona encargada de permitir el ingreso de la glucosa a las células, disminuyendo sus niveles en la sangre. (Mejías, 2015)

Además, actúa como un órgano endocrino debido a que las miosinas también operan como moléculas señalizadoras (hormonas) que envían mensajes a otros órganos del cuerpo para gatillar una serie de procesos necesarios para nuestro bienestar.

Por último y no menos importante, el músculo también se comporta como un órgano inmunitario debido a su implicancia en procesos inflamatorios y antiinflamatorios, además de posibilitar una adaptación natural a los agentes de estrés agudo. Respecto a esto también es fundamental ser conscientes de que la sobre exigencia a partir del entrenamiento físico puede ocasionarnos una exposición al estrés crónico y con esto provocar una inmunodepresión, por lo que debemos mantenernos atentos para evitar sobrepasarnos con la cantidad y el tipo de ejercicio que elegimos realizar.

En este sentido no es necesario que busquemos alcanzar niveles elevados de resistencia mediante ejercicios muy desafiantes, sino más bien debemos encontrar aquellos que nos permitan sentir bien e integrar el movimiento como parte de nuestra vida. Para esto es necesario que quitemos de nuestra mente la idea de que el sufrimiento equivale a un entrenamiento exitoso, puesto que probablemente esta creencia nos generará rechazo y dificultará la constancia o el compromiso con el ejercicio. Está bien hacer un proceso paulatino, con el objetivo de mantener esta actividad en nuestras vidas y de transformarlo en una fuente de placer y bienestar.

En todo esto no podemos ignorar que nuestro estilo de vida actual es bastante propenso al sedentarismo y a la desmotivación respecto al ejercicio. Son muchos los factores que influyen sobre esta conducta debido a que la mala alimentación no sólo nos afecta desde la regulación de nuestros niveles de energía, sino que también desde nuestro comportamiento neurológico, haciéndonos sentir desganados y negativos. Por otro lado, y como comentábamos en un comienzo, la facilidad que hoy tenemos para hacer una gran cantidad de actividades sin necesidad de movernos es una trampa de la cual debemos salir, idealmente sin presiones ni culpas.

Por que claro, todo lo que representa el ejercicio y sobre todo en cuanto a nuestra apariencia física también nos genera un montón de emociones, conflictos y frustraciones, pero no hay que olvidar que el propio movimiento de nuestro cuerpo es la llave que nos puede ir alivianando todos estos pesos.

La gran cantidad de facultades que tienen nuestro músculos respecto a nuestra salud son nuestras grandes aliadas en este camino hacia el bienestar, puesto que poco a poco nos ayudarán a mejorar nuestra perspectiva al momento de buscar motivación. 

Al comenzar a ejercitarnos permitiremos la regulación de nuestros niveles energéticos, así como también de nuestro apetito, junto con promover una mejor elección de los alimentos que ingerimos, gracias a una diversificación beneficiosa de nuestra microbiota intestinal. Además, podremos notar diferencias en nuestra actividad mental, ayudándonos a sobrellevar de mejor manera las situaciones estresantes de nuestra vida.

Ya sea que busquemos la manera de movernos caminando o en bicicleta durante ciertos recorridos de nuestro día, averigüemos sobre algún taller cerca de nuestra casa o nos inscribamos en algún equipo deportivo, los beneficios del ejercicio no dudarán en acompañarnos. Y en el caso de que nos damos cuenta de que tenemos algunas resistencias para tomar estas iniciativas, comenzar por observarlas también es un hermoso primer paso para acercarnos hacia este proyecto. Podemos comenzar por escribir los “peros” que nos mantienen detenidos o hacer una lista de opciones a las cuales podríamos autoinvitarnos a participar. Sea como sea y en el ritmo que tú lo necesites, anímate a integrar el movimiento en tu vida para comenzar a ver el ejercicio como una medicina.

  • García, G. (2014). El músculo como órgano endocrino. Bol Soc Esp Hidrol Méd29(2), 139-140.
  • Mejías, Y. MÚSCULO ESQUELÉTICO: MÁS ALLÁ DE LA LOCOMOCIÓN.

Primero Soy humana y busco no olvidarlo, esto que comparto es parte de ese propósito.

Me llaman Antonia, desde que mis padres lo eligieron entre tantos otros nombres.

Ser parte de esta especie (única capaz de leer este mensaje, hasta lo que tengo entendido), es un hecho que me provoca una profunda curiosidad, sobre todo las formas que tenemos para expresamos. Cómo nos reconocemos en lo que otros expresan y cómo (co)creamos en ese intercambio de sentidos y significados, que construye el entramado de nuestra vida.

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