Consciencia, hábitos y creencias - mayo 10, 2022

Estamos reaprendiendo a cuidar nuestro cuerpo

¿Te ha gustado? Comparte 🤗

Llevar consciencia a nuestra alimentación es una acción que se ha vuelto cada vez más necesaria en la medida en que con el tiempo como humanidad fuimos dejando de lado la escucha hacia nuestro cuerpo. A su vez fuimos acercando soluciones cada vez más instantáneas para saciar el hambre ¿Pero es únicamente el hambre lo que experimenta nuestro organismo? ¿Es este el único mensaje que escuchamos de nuestro cuerpo?

Nuestras células que llevan años de evolución en esta Tierra experimentan un montón de procesos para los cuales necesitan de agua, descanso, ciclicidad, nutrientes y equilibrio. Sin embargo, muchos de estos factores se ven olvidados en nuestras rutinas aceleradas o en nuestra falta de atención y escucha hacia la propia sabiduría que llevamos dentro. A esto debemos sumarle el hecho de que muchos de los alimentos de los cuales disponemos no cumplen la función que deberían en cuanto a nuestra nutrición y nos arrojan a círculos viciosos que pueden ir degenerando nuestras células. Es decir, son compuestos que despiertan ciertas reacciones en nuestro organismo y que por lo general nos provocan el deseo de seguir consumiéndolos ya que afectan a nuestra flora intestinal, a los niveles de azúcar de nuestra sangre e incluso a nuestros pensamientos. Es por esto que no es casualidad que hoy escuchemos hablar recurrentemente sobre las enfermedades degenerativas.

Para pensar en esto de forma más simple, podemos imaginarnos que nos hemos golpeado el brazo y tenemos una herida abierta que necesita sanar. Los mecanismos del cuerpo comenzarán a actuar inflamando la zona y se generará una cicatrización que tomará un tiempo. Nosotros frente a este situación lo que hacemos es dejar la zona en reposo, utilizar lo menos posible el brazo, evitar el contacto con ciertas superficies y mantener la zona limpia, sin volver a abrir la herida para que finalmente pueda sanar.

En el caso de nuestros tejidos y órganos internos, la sanación y restauración también requiere de estos cuidados, sin embargo, como no los vemos pareciera ser que no tomamos la misma actitud hacia ellos. El cuerpo por dentro también nos habla, sentimos dolores, malestares y otras señales que nos comunican de las necesidades y reacciones que manifestamos como organismo, pero se nos hace difícil dejar de alimentar estas reacciones antes de llegar a enfrentamos. Es por esto que llevar la consciencia a la alimentación y al estilo de vida es tan importante, porque no se trata de que todos los alimentos de un momento a otro se volvieron perjudiciales, sino que venimos arrastrando un deterioro del funcionamiento de nuestros sistemas que ahora necesita de que nos hagamos cargo de acuerdo a nuestra propia historia y la de nuestros antepasados.

Porque este cambio hacia lo procesado y artificial ha generado que muchas personas tengan sus tejidos internos dañados y esto, tal como la herida en el brazo, requiere que tomemos ciertos cuidados para poder sanar correctamente. Ese cuidado que no solemos otorgarle pues continuamos comiendo de la misma forma y teniendo los mismos hábitos, lo que sería igual a seguir exponiendo la herida del brazo a roces y productos que no le permiten cicatrizar. Esta es la razón por la cual también actualmente oímos hablar bastante sobre la inflamación crónica o las dietas antiinflamatorias, porque no le permitimos a nuestro cuerpo bajar las alertas para regenerarse, provocando muchas veces que nuestro sistema inmunológico envíe señales erróneas.

Y tal como nos compartió la Dr. Patricia Restrepo en uno de nuestros Congresos, solemos ignorar la raíz de la lesión celular y buscamos solucionar el síntoma superficial, entendiendo que la inflamación es mala y que debemos detenerla cuando en realidad es una respuesta necesaria que nosotros estamos manteniendo por más tiempo del que corresponde al exponernos a productos dañinos para el organismo. Llevar la consciencia hacia los procesos que experimentamos es tan importante porque también nos hemos acostumbrado a acallarlos con remedios o a normalizarlos, conformándonos con vivir con menos vitalidad y con una serie de malestares que no son “normales”.

Por otro lado, también podemos pensar en ciertos compuestos como la proteína del trigo (el gluten) o los lácteos, que han estado bajo la mira debido a las reacciones de intolerancia que pueden provocar en las personas. Y si bien estos componentes no son precisamente artificiales, aunque si muchas veces procesados, nos sirven de ejemplo para considerar otro factor relevante que es la recurrencia con que consumimos ciertos compuestos. Porque la industria alimenticia ha hecho uso del gluten y de otros ingredientes de forma excesiva, pasando desapercibidos en las largas listas que encontramos en las etiquetas de los envases, pero no así para nuestras células que se ven expuestas a estos día a día.

Entonces para poder escuchar eso que nuestras células sí saben y nosotros no notamos, es que se vuelve necesario que volquemos todos nuestros sentidos para escuchar a nuestro propio cuerpo y poner atención hacia lo que ingresamos a él, comenzando a leer las etiquetas, a observar nuestras reacciones y a identificar ciertas relaciones entre nuestros hábitos y nuestro bienestar.

Ahora toda esta información y consciencia no significa que debemos volvernos locos generando un montón de cambios al mismo tiempo ya que esto podría transformarse en un estrés emocional que no nos deje disfrutar de aquellos beneficios que estamos integrando en nuestra vida. Debemos ser conscientes, primero que nada, de que todos estamos reaprendiendo a cuidar de nuestro cuerpo dentro de una sociedad que hace unos años no hablaba de estas posibilidades. Como también entender que por mucho que la alimentación y los hábitos saludables se han popularizado, estos no nos son útiles como moda sino como herramientas para integrar en nuestras vidas. Por lo tanto, los logros y avances que conseguimos para nuestra salud no son un parámetro de competencia, ya que esto sería llevar aquellas cosas que nos hacen bien hacia el lenguaje de un estilo de vida que nos estresa y nos individualiza.

Este camino es un proceso de reconciliación con nuestra naturaleza y con nuestros propios ritmos, con el pulsar de nuestras células que necesitan ser escuchadas y con los mensajes de nuestro mundo emocional que son parte de lo mismo. Y aunque en un comienzo ciertos cambios y cuidados puedan sentirse como un castigo, debido a las restricciones que nos sacan de nuestra zona de confort, el entregarle al cuerpo lo que necesita para estar sano no es otra cosa que un regalo para nosotros mismos.

Y como sabemos que a veces no es fácil abarcar tanta información, aquí les compartimos algunas acciones que nos recomienda la Dr. Patricia Restrepo para ir hacia ese cambio de vida:

1.- Comer comida de verdad del planeta Tierra, de la mejor calidad posible, sin nada de productos químicos.

2.- Respirar aire puro, no aire de cigarrillo, no aire contaminado.

3.- Comer comida fresca que no esté enriquecida, fortalecida, preservada.

4.- Manejar el cuerpo, estos otros ámbitos que no son físicos de nuestro cuerpo con toda la humanidad del caso, el conocerle, el volverte su aliado.

5.- Manejar la parte del estrés de la mejor manera posible.

“Nuestros dolores nos dicen mucho de nosotros y mucho de dónde venimos y pertenecemos, así como también nos indican hacia donde ir y seguir evolucionando.” – Paulina Peña

Primero Soy humana y busco no olvidarlo, esto que comparto es parte de ese propósito.

Me llaman Antonia, desde que mis padres lo eligieron entre tantos otros nombres, y soy estudiante de Comunicación Social, como también de la vida.

Ser parte de esta especie (única capaz de leer este mensaje, hasta lo que tengo entendido), es un hecho que me provoca una profunda curiosidad, sobre todo las formas que tenemos para expresamos. Cómo nos reconocemos en lo que otros expresan y cómo (co)creamos en ese intercambio de sentidos y significados, que construye el entramado de nuestra vida.

¿Te ha gustado? Comparte 🤗
>