Alimentación - Consciencia, hábitos y creencias - abril 25, 2022

Nuestras emociones también saben sobre alimentación

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“Cuando el espíritu se silencia, el cuerpo habla; cuando nuestra boca no pronuncia lo que sentimos, traga para aliviar la tensión emocional” (Menéndez, 2007, p.9-10)

La alimentación atraviesa nuestra vida, como proveedora de la energía que nuestro cuerpo necesita para funcionar, como fuente de placer y goce, como motivo de encuentro con otros y como un puente de conexión con nuestro propio organismo. Seguramente esta lista podría ser mucho más larga, ya que siendo una necesidad que nos encuentra a diario en la búsqueda de su satisfacción, son muchas las vivencias que se ven afectadas o por lo menos acompañadas de esta acción. Es interesante entonces pararse a reflexionar sobre la cantidad de emociones que también se despiertan en torno al acto de comer. Las sensaciones que cada alimento nos puede evocar o generar, las creencias y pensamientos que tenemos en torno a las formas en que elegimos alimentarnos y las asociaciones que establecemos entre nuestras experiencias y el alimento.

Y es que en este tema nadie realmente se libra de vivenciar su propio camino y de vincularse desde su sentir con la alimentación. Es un área de nuestra vida que también desarrollamos colectivamente, donde desplegamos diversas líneas de conocimientos y preparaciones, arraigadas a distintas culturas que toman unos y otros alimentos según sus propias miradas.

Hoy vivimos en un mundo globalizado donde podemos enterarnos de cada avance o propuesta que se hace sobre las distintas formas de alimentarse, hay estudios, hay comerciales, hay libros, hay restoranes y hay ofertas. En definitiva hay un montón de elementos pujando hacia un lado y hacia otro, dejándonos algunas variantes a nuestra elección y otras no tanto. Por todo esto es que se vuelve tan necesario direccionar la mirada hacia nuestro interior, porque afuera las opciones son múltiples, sin embargo en nuestra propia realidad y dentro de nuestro organismo no todos los caminos nos sirven, sino sólo algunos. Acá nos detendremos entonces en el universo emocional que pinta de distintos colores la relación que tenemos con el alimento, y reflexionaremos sobre cómo el miedo nos aleja de la posibilidad de tomar control sobre este asunto y sobre nuestra salud en general.

Esta es la invitación que nos hizo la Dra. Patricia Restrepo en su primer webinar el pasado domingo 24, donde habló particularmente de su experiencia en el camino de revertir la diabetes. Este diagnóstico es un buen ejemplo sobre aquellas cosas que despiertan el miedo y frente al cual podemos entregar el poder de sanación a los factores externos o podemos mantenerlo en nuestro interior. Esta última opción es desde donde aprendemos sobre nuestro propio organismo y fortalecemos la capacidad de discernir entre lo que nos hace sentido y lo que no.

Debemos ser cuidadosos en no dejar de lado nuestro propio poder y siempre llevar la información hacia nuestro espacio para aterrizar aquello que viene de afuera en el terreno de nuestras percepciones. Es realmente increíble la biodiversidad que nos rodea y cómo algunas cosas pueden funcionar muy bien para ciertas personas y no así para otras. Por esto es fundamental que podamos conocernos bien ,ya que esta es la base que nos permite contrarrestar el miedo y en caso de tener una mala relación con la alimentación, poder

comenzar a sanar, alejando presiones, encontrando equilibrios y recuperando pertenencia en nuestra propia vida.
El miedo puede paralizarnos o puede provocar un fuerte estrés en nuestro sistema, llevándolo a actuar en estado de sobrevivencia. Cuando el montón de información que hoy nos rodea comienza a sobre estimularnos sin que podamos hacer un proceso de integración, es probable que desarrollemos miedo o al menos incertidumbre.

Sabemos que tales alimentos son malos para la salud, sabemos que tales cantidades u horarios no son apropiados para comer, nuestras amigas inician una dieta y el supermercado nos ofrece tales productos en oferta.

Las respuestas frente a estos estímulos pueden ser diversas, pero es bastante común que nos sintamos inclinados a hacer todo lo que creemos que puede ser bueno o a no hacer nada porque finalmente las opciones se anulan unas a otras. Estos escenarios fácilmente pueden generarnos miedo a equivocarnos, miedo a comer o miedo a enfermarnos y por tanto debemos proponernos recuperar ese control que ha quedado repartido entre tantas fuentes de información.

El recorrido de recuperación de este control puede ser acompañado por distintos profesionales capacitados en esto, lo cual es parte del mismo ejercicio de volver la mirada hacia el interior, ya que tener la ayuda y contención de alguien más no lo hace menos válido de ninguna manera. Como ya mencionamos, la biodiversidad es una realidad que nos sostiene a todos y son tantos los caminos como personas existimos en el mundo.

En el caso de los alimentos en particular, la información que recibimos de afuera no es la única que influye en nuestro vínculo con ellos, ya que la carga emocional que tienen para cada uno se encuentra almacenada en nuestro interior. Las asociaciones de ciertas preparaciones con el afecto que nos pudieron entregar en la infancia, las felicitaciones que tal vez recibimos con algo dulce, los permisos o prohibiciones que tuvimos frente a determinados alimentos e incluso la flora bacteriana que hemos desarrollado a través de lo que comimos a lo largo de los años, afectan a nuestra relación con la comida.

Es por esta razón que el control no sólo se recupera estudiando mucho o conociendo las miles de dietas que existen actualmente, sino que en el proceso es tremendamente necesario reconocer lo que nuestro cuerpo aprendió durante nuestra vida y también la propia sabiduría que lleva consigo gracias a los años de evolución que nos traen hasta hoy.

Descifrar nuestra propia configuración, resultado de las emociones que vivimos y su entrelazamiento con la forma en que comemos, es una tarea que podemos realizar mediante una observación constante. Darnos el tiempo de despertar la autopercepción para notar estos detalles nos puede ayudar enormemente a desenredar los nudos que no nos permiten sentirnos bien.

Es cierto que seguir el hilo para encontrar los nudos puede ser cansador, así como también las estrategias que tomemos para desarmarlos, pero cuando logramos liberar el hilo es cuando podemos tejer con él aquello que realmente queremos para nuestra vida. Es por esto que decimos que encontrar la forma de alimentarnos saludablemente y con consciencia, es algo que nos entrega libertad. Libertad de salir de los pensamientos

negativos, libertad de elegir lo que nos hace más sentido, libertad de crear cosas nuevas que no estén atrapadas por aquellos miedos y síntomas que venimos arrastrando antes de proponernos recuperar el control.

Este control del cual hablamos no se trata de la autosupervisión de lo que entra y no entra en nuestra boca, sino que hablamos de un control que aparece cuando la mente, el cuerpo y las emociones se encuentran alineados en un canal de comunicación. Un control que nos permite accionar y participar de nuestros propios procesos, porque salimos del miedo que nos paraliza y que nos hace sentir juzgados. Un control que también se acompaña de la aceptación de que hay cosas que no podemos controlar y que logra entender esto porque no vive atrapado por el miedo que nos impulsa a buscar seguridad desde una mente nublada.

Bibliografía

Menéndez, I. (2007). Alimentación emocional. DeBolsillo.

Primero Soy humana y busco no olvidarlo, esto que comparto es parte de ese propósito.

Me llaman Antonia, desde que mis padres lo eligieron entre tantos otros nombres, y soy estudiante de Comunicación Social, como también de la vida.

Ser parte de esta especie (única capaz de leer este mensaje, hasta lo que tengo entendido), es un hecho que me provoca una profunda curiosidad, sobre todo las formas que tenemos para expresamos. Cómo nos reconocemos en lo que otros expresan y cómo (co)creamos en ese intercambio de sentidos y significados, que construye el entramado de nuestra vida.

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